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Las características de una bicicleta deben adaptarse o facilitar su manejo en función de su uso. No es lo mismo una bicicleta para correr, para transporte de mercancías, para circular por montaña o por la ciudad. De ahí que el diseño de una bicicleta condiciona su uso principal. Los ciclistas urbanos, o sea, los que apuestan por la bicicleta como sistema de transporte pueden recorrer una media de 2.000 a 3.000 km anuales, lo cual puede traducirse en que uno puede permanecer hasta más de 200 horas montados en la bicicleta. Es evidente que la idea de que para circular por la ciudad no importa la bici escogida puede ser contraproducente. Quien escoge la bici como sistema de transporte pasará probablemente muchas horas montado en la bicicleta y esto puede acarrear problemas físicos si no se han atendido algunos criterios de ergonomía. Aunque ir en bici es saludable y contribuye a un sin fin de mejoras fisiológicas (cardiovasculares, musculares, metabólicas, etc.) también debemos aceptar que un uso inadecuado puede incitar determinadas lesiones (tendinitis, distrofias musculares, hipodermitis, etc.). La ergonomía aplicada a la bicicleta constituye una asignatura básica y que a menudo es poco conocida. Aunque ya existen empresas, como Duopower, que diseñan sillines ergonómicos para evitar molestias perineales. La bicicleta no deja de ser una máquina que se acopla a una persona y por tanto esta debe adaptarse a las características del usuario y sólo a continuación adaptar el diseño al uso prioritario (ciudad, montaña, velocidad, etc.).
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